Pseudo-análisis: Tomb Raider Anniversary

tomb raider anniversary 01 - con un pad

Cuando pienso en remakes, me cuesta posicionarme. En una esquina del ring, tenemos a los puristas retrotalibanes defendiendo la incorruptibilidad del original, aunque haya envejecido peor que un fumador de opio tirado al sol. Al otro, los renovadores graficoputillers, que entonan cánticos del palo “lo nuevo siempre es mejor”. Y ahí, en medio, estamos los indecisos a quienes no nos va la vida en ninguna de las dos causas… porque no parece malo actualizar o darle una pequeña vuelta de tuerca a una buena obra del pasado (que ahí seguirá para que la juguemos en su versión primitiva), salvo cuando a  SEGA se le ocurre replantear poligoneramente sus arcade clásicos, uniendo a renovadores, conservadores y neutrales en un mismo grito de dolor.

Con Tomb Raider tenía mis dudas. Al fin y al cabo, el título de Core Design me arrancó muchas sonrisas en la adolescencia. Sus señas de identidad: exploración, puzles, plataformas que requerían una precisión absurdamente milimétrica, acción esporádica, controles para los que te faltaban dedos y aquella tensa calma, con la certeza de que podía sorprenderte en cualquier momento. Probablemente fue el primer juego doméstico de la “era 3D” que disfruté de verdad.

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