NEStalgia

NES-Console-Set

La llegada de NES Remix al catálogo de Wii U, que los redactores y redactoras del sector están destacando con los ojos empapados en nostalgia, ha rescatado de algún rincón oscuro de mi memoria el primer contacto que tuve con lo que en su día nosotros llamábamos sencillamente “la Nintendo”. Un aparato que cambió nuestra percepción del videojueguismo, sentando muchas de las bases que disfrutarían las siguientes generaciones de gamers, así en general. Esta es la historia de cómo la conocí… (inserte aquí musiquilla de arpa)

Mi infancia transcurrió en el seno de una familia de clase media-baja que, si pecaba de algo, era de una austeridad casi cómica. Hoy en día me alegro (y mucho) de ello, pero entonces resultaba un poco frustrante. Cuando pedía algo que superaba los cien duros (3 euros de ahora, para los de la generación ps2), pasaba mucho, pero que mucho tiempo desde los iniciales NO-s rotundos hasta que, con mucha suerte, conseguía ablandar el corazón y la cartera de mis padres, y por fin llegaba a casa. Con mi solicitud (había proceso burocrático y todo) de ordenador, pasó lo mismo.

Durante años tuve un par de “handhelds” baratitas y fabriqué unos cuantos “sobremesa” con hueveras de cartón y cajas de zapatos hasta que, por fin, la última tecnología aterrizó en mi cuarto como regalo de comunión: Spectrum +2A 128K junto a una tele en blanco y negro de 3ª mano (de aquellas con un punto quemado en el centro, en las que los canales se sintonizaban girando una rueda). Yo tenía “casi 9 años” en aquél mayo de 1990 en que la máquina, para mi ignorancia, estaba ya bastante muerta. Con razón era el ordenador más barato que había en la tienda… pero era mío. Y molaba.

Mentiría si dijera que me lo pasé mal con el último Speccy de cinta que hizo Sinclair, pero también mentiría (y vilmente) si tratara de convencer a alguien de que el regalo que había recibido uno de mis mejores amigos, la Nintendo Entertainment System, no me causó un shock cuando la probé por primera vez. La única consola que había tocado hasta entonces era la Atari 2600 y me parecía un truño como un puño. Da la casualidad de que mi querida y amada amatxu (madre) conocía la NES porque trabajaba en una tienda de electrodomésticos, pero con criterio infinito consideró que un ordenador era capaz de muchísimas más cosas que “correr” juegos… por eso la descartó como regalo. Por eso y porque el abismo que había entre los precios de los cartuchos de una y los casettes del otro era tan grande que no quería condenarme a saltar sobre setas y tortugas hasta que me saliera bigote.

NES Bra

Seguro que te acuerdas de cómo iba esto: ARRIBA, ARRIBA, ABAJO, ABAJO, IZQUIERDA, DERECHA, IZQUIERDA, DERECHA, B, A (y luego… ya sabes… Start)

Comprobar cómo entraba el cartucho en aquella enorme caja gris y, sin sinfonía de pitidos mediante, sin cargas interminables, aparecía un juego tan fluido, musical y lleno de color como Super Mario Bros., hizo que replanteara todas mis creencias de videojugador dientelechal. Lo que ofrecía la NES era muy distinto de lo que había visto hasta entonces, tanto en recreativas como en casas ajenas. Un mindblow total. Al aspecto robusto del aparato, que movía al fontanero a toda velocidad (yo pensaba, por cierto, que era un lechero porque se parecía al personaje de una Game & Watch de Nintendo), había que sumar un control que al principio no entendía.

Un pad. ¿Qué pelotas se suponía que era aquello? ¿Dónde estaba la palanca del Joystick? Solo había usado un par de crucetas antes y siempre en “maquinitas” de mano. Pero curiosamente, aquello funcionaba. Y funcionaba muy bien. Cabía fácilmente entre las dos manos, no había que apoyarlo en ningún sitio… Y tenía cuatro botones, dos de ellos de acción, totalmente diferenciados. A años luz de mis infames Joystick Sinclair con un solo botón (eran dos, pero el de la punta y el de la base equivalían a la misma acción), ventosas que se despegaban de la mesa, pensados para dirigir con la mano derecha (en contra de lo que se imponía en las recreativas y en el propio control de la NES).

Hasta entonces, con mi limitada información y siendo más aficionado a las máquinas de los bares que a los sistemas domésticos, no concebía otro aparato para jugar en casa que no fuera un ordenador. Pero aquella tarde algo cambió en mí. Comenzó esa guerra interna entre el consolismo y el gordopecerismo que me ha acompañado hasta estos días. Más adelante, tendría mi propia NES (en realidad fue una GAMIX, clon ibérico de dudosa legalidad de la Famicom japonesa), pero eso ya es otra historia.

Aunque quizás, el recuerdo más nítido que guardo de aquella tarde de Super Mario Bros y bocatas de Nocilla, fueron las secuelas tras horas de juego a la Nintendo con aquél pad tan revolucionario, pero de ergonomía discutible: unas ampollas en las manos que tardaron días en curarse. Un aprendizaje vital en toda regla: a veces el amor duele y te deja marca…

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Acerca de notelies

Exinformático, economista, analista de procesos, marketer, social media something, samurai SAS, podcaster… Pixelado. Salto del traje y corbata a las vans y las camisetas de gatetes Jedi con habilidad asombrosa. Cinéfilo, melómano y gamer desde que tengo uso de razón.

3 pensamientos en “NEStalgia

  1. :____). A mí me pasó más o menos lo mismo que a ti, solo que deberías cambiar el Spectrum por una Atari 2600… y la NES por una Mega Drive. Imagínate EL SALTO que pegué, de jugar a Keystone Kapers a Sonic de un día para otro.

    Solo he echado en falta una cosa: que hables más de los juegos que te marcaron de la consola, que únicamente nombras a SMB ><. Por lo demás, mu' gonico.

    • Claro! la idea era hablar sólo de aquél primer contacto… haré una “segunda parte” dedicada a mi NES (mi GAMIX) y lo que me gustó y me horrorizó de los 8 bits de Nintendo…

      Entiendo lo que debió ser el salto desde Atari2600… yo también tuve Mega Drive (aunque use mucha simbología nintendera soy más bien segero…) y la diferencia con la NES o el propio Spectrum era de otro mundo… con la 2600 es de lobura…

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